
Por lo general suelo ser yo misma la que improvisa las poses mientras que el fotógrafo se limita a sacar desde su perspectiva los mejores ángulos para retratarme, pero dado que su estado de calentura estaba siendo compartido conmigo, él mismo iba cogiendo confianza y también comenzó a sugerirme cosas que le excitaban como espectador. Por ejemplo, empezó a pedirme que deseaba ver (más…)















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